Sin Final en el Guión

Las puertas cerradas de la mente

https://youtu.be/so9i4n35Esc

Decía Shakespeare  que “la culpa no está en nuestras estrellas sino en nosotros mismos”. Con esta frase abre Hitchcock la que debió ser la más onírica de todas sus películas quedando luego en “solo” y entrecomillamos lo de solo, una master piece del género policíaco. Hablamos de “Recuerda” (Spellbound, 1945) una cinta de la factoría del gran David O. Selznick y adaptación de Ben Hecht de la obra de Francis Breeding “The House of Dr. Edwardes”

A Hitchcock siempre le fascinó ese mundo de lo onírico y de las dobles personalidades, ya habíamos visto en “Rebecca” como Joan Fontaine se pasaba la película opacada por el recuerdo de la gran señora de Winter, la dualidad de Kim Novak en Vértigo o la doble personalidad confusa de Cary Grant en “North by Northwest” cuando su Roger O. Thornhill es confundido con el agente del gobierno George Kaplan. La misma Ingrid Bergman de “Notorius” era Alicia Huberman intentando adoptar una nueva personalidad. Característica que sin duda Gregory Peck aquí  John Ballantine/Doctor Edwards  retoma en esta cinta a su llegada al sanatorio de Green Manors.

Esa recurrencia en la filmografía hitchcockiana es lo que le lleva a jugar con su personaje y con el espectador en una inequívoca ambigüedad moral que subyace en una permisividad a la hora de establecer determinados patrones de comportamiento. Hitchcock además nos tira nuestros estereotipos a la cara, presentándonos en muchas de sus películas a villanos absolutamente despreciables  como tipos elegantes o vestidos de normalidad absoluta, nos viene a decir que el peor de los criminales podría ser nuestro propio vecino. En  contrapunto muchos de sus “héroes” son tipos oscuros, frágiles, algunos con ese sabor a perdedor que tanto fascinaba a Hitchcock y así podemos encontrarnos al huraño Max de Winter en “Rebeca” o al traumatizado Scottie de “Vértigo”. En esa ambivalencia, en esa lucha entre el bien y el mal, Hitchcock introduce a la vez un elemento muy freudiano…el Eros y el Thanatos. El amor y la muerte y la muerte suele ganarle al amor en muchas de sus cintas, esa lucha constante es un valor añadido a la filmografía de un director que nos enseñó una nueva manera de mirar la vida.

En “Recuerda” esta ambivalencia, esta lucha entre el bien y el mal entre el amor y la muerte quedará reflejada entre ambos psiquiatras. Constance Petersen, el personaje que encarna Ingrid Bergman, es una excelente profesional, a la que sus compañeros de trabajo reprochan cariñosamente su ausencia de conocimiento en un aspecto fundamental de la vida: el amor. La llegada del apuesto doctor Edwards del quien además admira toda su obra, supondrá un vuelco en su vida y la confirmación de que donde no llega la razón siempre lo hará el corazón.

Hitchcock que bien podía haber profundizado en el enrevesado mundo de la mente humana prefiere utilizar aquí a la mente como su “mcguffin” centrándose en la trama policíaca que surge cuando el conflicto nace en la cinta,  aunque con el genio británico ya sabemos que no se queda ahí.

La reiteración de elementos que provocan al espectador son utilizados aquí apoyados en la música de Miklos Rozsa cuyo componente casi hipnótico empasta de forma brillante con las imágenes, algo que posteriormente repetirá Bernard Herrman en otra obra maestra de Hitchcock, como es “Marnie” donde la cleptomanía de la protagonista nos llevará a un estudio del origen de dicha enfermedad. Si en Marnie el color rojo es el elemento angustioso aquí lo es el blanco y las rayas en un mantel lo que desencadena la zozobra en el espectador. Puede parecer una solución simple pero como siempre en su filmografía hay mucho más. Hitchcock  va más allá y tras ese “mcguffin” se oculta la trama que deberá ser desvelada posteriormente, algo que diferencia esta cinta de otras donde Hitchcock nos muestra la solución desde el primer momento.

El elemento sexual lo introduce en la primera secuencia centrando la atención en una Rhonda Fleming extraordinaria quien en tan solo una secuencia se hace con la pantalla. La influencia que los ojos de Fleming tienen en el espectador es un recurso que Robert Siodmak repetiría  en “La escalera de caracol” aunque su resolución sea distinta.

Al mago del suspense le interesa tanto reflejar los conflictos de la mente como la resolución de una trama donde el falso culpable vuelve a aparecer como elemento crucial en la historia.  Es aquí donde entremezcla el mundo onírico con el real en una secuencia fascinante en la que los decorados corren a cargo del genio del surrealismo Salvador Dalí. Ese lugar común en Hitchcock que es el del falso culpable es prácticamente uno de los pilares de su filmografía, haciéndose aquí patente en la historia del personaje de Gregory Peck, un cóctel psicoanalizado desde la paranoia, la amnesia, el trauma y demás enfermedades mentales que utilizadas por Hitchcock como excusa le sirven para introducir una trama policíaca que mantiene en vilo al espectador. No pretende esta cinta ser un tratado sobre la mente pero su grandeza está en, como siempre hizo el mago británico, añadir suspense a situaciones absolutamente cotidianas…una carta bajo la puerta sin leer, la cámara fijándose en el rostro de ella mientras oye a la policía hablar y el sobre permanece en el suelo a punto de ser descubierto por quien no debe…Sir Alfred es el rey del inserto, con solo un plano descubrimos una cantidad ingente de información. En “Recuerda” también encontramos otro elemento muy presente en Hitchcock…los trenes, las estaciones, el suspense que genera al falso culpable pedir un billete de tren sabiéndose buscado (algo repetido en “North by Northwest” con Cary Grant). La maestría del realizador inglés nos lleva por donde quiere en esta película, aquí encontramos todo su cine, el anterior y el que vendrá. Sus obsesiones, su capacidad para hacernos partícipes de la historia, su manera de poner la cámara para hablarnos con ella.

Si nuestra mente tiene puertas que permanecen aún cerradas, nadie como el mago del suspense para abrirlas de par en par y enseñarnos que el psicoanálisis tiene un poder casi magnético en la gran pantalla pero que su cine nos atrapa aún más.

 

 

 

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