Sin Final en el Guión

El surrealismo como crítica social

Buñuel y Dalí dieron el pistoletazo de salida al surrealismo cinematográfico con el cortometraje Un perro andaluz (Un chien andalou, 1929) mediante la asociación de ideas cuya premisa consistía en crear algo que no pudiese ser explico de forma racional, social o psicológica. Si bien no fue la primera cinta del género, ya que Man Ray fue uno de los primeros en experimentar con el cinematógrafo con Retorno a la razón (Le retour à la raison, 1923), Emak-bakia (1926) o La estrella de mar (L’étoile de mer, 1928), al igual que Dudley Murphy junto a Fernand Léger en Ballet Mecánique (1924), tanto Dalí como Buñuel son recordados, entre otras obras y méritos, por este fantástico film . Poco a poco el surrealismo fue adaptándose de formas distintas para crear fantasías oníricas o formas que en su interior albergaban críticas sociales esperando ser descubiertas.

La concha y el clérigo (La coquille et le clergyman, 1928)

Un cura rellena alambiques a partir de un líquido dispuesto en una concha, que bien podría ser agua bendita, para al instante tirarlos al suelo. Poco después un general le despoja de sus quehaceres provocando que el clérigo le siga sus pasos gateando. Es tan solo la primera escena de este cortometraje surrealista de Germaine Dulac en el que realiza una crítica hacia la iglesia, su sumisión a los poderes políticos a lo largo de la historia y la falsedad de los votos de la institución, al enamorarse el protagonista de una mujer y atormentarle de manera profunda. Durante varias secuencias el cura persigue al general y su amada a través de unos pasillos, desembocando siempre en lugares donde no encuentra a ninguno de ellos, recordando a la parte final de Twin Peaks ideada por David Lynch. Un film surrealista a reivindicar por la dureza de su mensaje.

El ángel exterminador (1962)

Renoir ya dejó plasmada la oscuridad del ser humano y la bajeza a la que este puede aspirar a pesar de pertenecer a otra clase social superior. Buñuel fue un paso más allá al introducir en un ambiente claustrofóbico a la clase alta mejicana (la burguesía en general) y fantasear con sus conductas ante una situación insoportable.

Buñuel parte de una situación surrealista; el hecho de que una serie de individuos de la clase alta sean incapaces de salir de salir del lugar donde se encuentran hasta desatar su locura para llevar a cabo su parábola de la condición humana.

Esta película ha inspirado a otras y suele ser nombrada ante historias similares como Un dios salvaje (Carnage, 2011) o La trampa del mal (Devil, 2010). Curiosamente, en La mansión de los horrores (House on haunted hill, 1959) de William Castle se dan situaciones similares, como el abandono de los criados al caer la noche o la imposibilidad de salir de la mansión, aunque los fines y sentido de esta película así como su género sean bien distintos.

La cabina (1972)

El fin de la censura no llegaría hasta 1976, mientras tanto, los cineastas debían ingeniárselas para no provocar que sus historias se vieran alteradas por la supuesta decencia y moralidad que la dictadura instaba a respetar. El mediometraje para televisión dirigido por Antonio Mercero y escrito junto a Jose Luis Garci no debió levantar sospechas a los encargados del orden moral. Su torpeza se hallaba en no saber leer entre líneas o, sencillamente, una imposibilidad de entender los significados de un film. Gracias a esto La cabina pudo ver la luz sin problemas. Los censores vieron con buenos ojos esta descabellada historia en la que un hombre permanece encerrado en una cabina sin poder salir, algo rocambolesco y sin sentido, propio de las corrientes surrealistas donde nada parece tener sentido o explicación racional.

La cabina retrata de una manera directa el confinamiento del ciudadano a unas leyes que le impiden brutalmente alzar la voz, protestar y oponerse a lo establecido. Nadie escucha al hombre encerrado en la cabina, nadie le hace caso ni atiende a sus súplicas, está preso en unas fronteras de las que es imposible salir, tal y como ocurría durante el franquismo donde el régimen controlaba todos los aspectos de la vida de los españoles, como si estuvieran encerrados en la cabina que nos presenta Mercero.

Amanece que no es poco (1989)

En 1989 se estrenaban cintas como Nacido el 4 de julio (Born on the Fourth of July), El club de los poetas muertos (Dead Poets Society), Delitos y faltas (Crimes and Misdemeanors), Mi pie izquierdo (My Left Foot), Batman o Regreso al futuro II (Back to the Future. Part II). Películas convertidas en clásicos en sus respectivos géneros. Cae el muro de Berlín. En el resto de Europa, muchos países como Italia, Alemania, Francia o Inglaterra han visto diferentes movimientos cinematográficos que han dado lugar a una evolución cultural evidente. España ve muchos de estos aspectos de una manera lejana, afectados por la censura que nos acompañó durante la dictadura que impidió un verdadero movimiento de nuestro cine, algo que evolucionó durante la transición en El Destape o el Landismo, un movimiento que reivindicaba de manera torpe y chabacana la libertad de expresión, aunque resultaba más una excusa para mostrar desnudos de forma descarada.

Muchos aficionados al cine, cansados de este tipo de historias, anhelan algo distinto, serio o realmente provocador como lo que ofrecía Almodóvar. Un cine distinto. En cambio José Luis Cuerda decide estrenar Amanece que no es poco (1989), segunda parte de una trilogía surrealista iniciada con Total (1983). Cuerda centra su mirada en un pueblo español, motivo por el cual muchos renegaron del film, ansiosos de ver ciudades, modernidad y frescura. Pocos supieron ver que Cuerda sitúa en nuestro territorio una serie de situaciones que se ríe de todo lo acontecido. José Luis Cuerda critica la iglesia, el poder político, las fuerzas del orden y la desidia del pueblo mediante una sátira desvergonzada y surrealista. El público quería alejarse de nuestro concepto más cañí, Cuerda se ríe de lo nuestro sin alejarse, haciendo frente a todos nuestros miedos.

 

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