Sin Final en el Guión

El fin del buenismo.

Se acerca la fecha más consumista del año; la navidad. Junto a ella nos acechan todo un aluvión de películas con esta festiva temática cuyo fin es demostrar lo extremadamente bondadoso que puede llegar a ser el ser humano. La caja tonta se llena de telefilms donde los árboles de navidad y los regalos son el denominador común. Eso y una escasa calidad en todos los sentidos. Alguna cadena repondrá el clásico Que bello es vivir (It’s a wonderful life, 1946). Este será uno de los pocos films “buenistas” que realmente merezcan la pena. El resto oscila entre la comedia facilona y el sentimentalismo barato.

Son mucha más interesantes otros títulos como Plácido (1961) o El día de la bestia (1995), películas que llevan la ironía y la mala leche a extremos insospechados, que se sirven de esta época para demostrar lo hipócrita de nuestra sociedad. La obra de Berlanga estrenada hace ya más de 50 años sigue siendo tan actual como el día de su estreno, tanto por la crítica que realiza como por la técnica y sello autoral de su director. Ni que decir tiene que el humor berlanganiano no entiende de épocas. En cuanto al film de Álex de la Iglesia, es uno de los más importantes de su carrera; deja ver ese humor tan negro del cineasta usando el contraste entre el bien y el mal justo en un momento del año en el que solo nuestro mejor lado puede aflorar. En cambio es el demonio quien cobra fuerza precisamente en una fiesta “poseída” por los grandes almacenes. Hay algo de Carpenter en de la Iglesia, al mostrarnos los suburbios de Madrid y los personajes más bajos, como ya hiciera el maestro del terror americano en cintas como El príncipe de las tinieblas (Prince of darkness, 1987) o En la boca del miedo (In the Mouth of Madness, 1995).

Es precisamente ahora cuando más necesario se nos antoja que el cine se convierta en un catalizador de la sociedad, que muestre a los ojos ciegos del público lo falso y peligroso de estas premisas navideñas. “Siente a un pobre en su mesa”, así reza el lema de la campaña navideña de Plácido, algo que termina convirtiéndose en un desvarío absoluto donde los más necesitados pasan a convertirse en un objeto para los más ricos. Una noche de bondad equivale y justifica toda una vida de excesos y pecados. Hacen falta más títulos que vayan por estos derroteros a priori tan pesimistas pero que solo hacen ver una realidad oscurecida por las sombras que nos dejan las luces de los adornos navideños que aparecen en las comedias navideñas. El humor es necesario, pero con cierta intención. Mejor la risa socarrona que la inocente.

Desde nuestras ciber-páginas proponemos diferentes títulos que encuentran en la navidad la excusa perfecta para contar su historia.

Pasen y lean.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *