Sin Final en el Guión

El don de la abstracción

Hubo una época en la que moría porque entrara en clase nuestra maestra de religión, asignatura que odiaba con todas mis fuerzas, y al decirle todos juntos eso de : “Buenos días”, ella nos espetara un: “¿Buenos días por qué? ¿Eh? ¿Por qué? Cerdos que sois unos cerdos… Marranos… ¡Venga sentaos ya!” Y cuando Don Julio, maestro de inglés, otra asignatura que odiaba casi tanto como la anterior, se acercara a ella para impedir que siguiera con semejante vocabulario, esta, ni corta ni perezosa, le arreara un guantazo en todo el careto de maestro de inglés que tenía, para luego llamar imbécil a alguno de mis compañeros. Este sería todo un acto de rebeldía ante un sistema donde los principios morales básicos son la piedra angular del sistema educativo.

Así da comienzo Total (1983), película de Jose Luis Cuerda y que sería el punto de partida de una surrealista y alocada trilogía, completada por Amanece que no es poco (1989) y Así en el cielo como en la tierra (1995).

Poco antes de esta delirante escena los alumnos recitaban la tabla del 2, mientras el profesor los oía sin intervenir ante el acierto continuo de sus alumnos, algo que le hace preguntarse si estos no se equivocan nunca; ¿Qué demonios pinta el ahí? Ese era otro de mis deseos, no equivocarme nunca para poder rechazar alegremente cualquier enseñanza de mis mayores. Sería un mundo extraño, aquel en el que los más jóvenes enseñaran a los adultos, tan surrealista como la cinta de Cuerda, aunque no estaría de más que de vez en cuando prestaran atención a nuestros comportamientos para dejar de ser tan adultos al menos durante un breve espacio de tiempo al día.

Corría el año 1995 y aprovechando el estreno de la última película de Jose Luis Cuerda, o eso supongo, repusieron esta maravillosa comedia fantástica. El fin del mundo se acerca y no tiene nada que ver a las americanadas a las que estábamos acostumbrados. Nada de meteoritos, de invasiones alienígenas, de perfectos efectos especiales. Este es el fin del mundo tal y como un surrealista lo imagina. Aunque, para ser sinceros, cualquier historia que imagine de uno y otro manera el fin del mundo es del mismo modo surrealista. Todo lo inexplicable puede estar dentro de esta corriente. Pero este es un concepto demasiado confuso para un niño de 12 años que ve en esta corta película como una serie de rocambolescas situaciones se suceden de manera caótica. De repente el mundo se me antojó más extraño e indescifrable de lo que ya me parecía. Si gran parte de la vida era recibir y acatar órdenes, descubrí que existían dos lugares donde todo esto era una idea innecesaria: El cine y la imaginación. A partir de aquí durante las horas de clase mi cabeza iba construyendo ideas y situaciones tan curiosas como en el film de Cuerda. Aprendí a asentir y parecer interesado en la lección mientras tenía mi mente en otro lugar o escuchando cosas bien distintas, una habilidad que me acompaña hasta el día de hoy y que me ha salvado del aburrimiento en el instituto y la facultad. Sin saberlo Cuerda me regaló el don de la abstracción. Si bien es una cualidad con la que ya contaba, la película Total me ayudó a que fuese mi propio medio de salvación y supervivencia ante eternas jornadas escolares. Más tarde también me serviría para mantenerme dentro de mi propia cordura al entrar en el tedioso mundo laboral aunque, como diría Moustache en Irma la dulce (Irma la Douce, 1963): “Esa es otra historia”.

 

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