Sin Final en el Guión

Bruja, más que bruja. Delirante zarzuela rural.

Un delirio zarzuelístico, una divertida y mordaz película que estaría entre los títulos más desquiciados de nuestro cine y que coincidió en el año de su estreno, 1976, con la única huelga de taquilleros de nuestra historia; normal que el bueno de Fernando Fernán Gómez, su director, dijese que solo la apreciarían 7 personas, entre ellas dos franceses. La verdad es que durante estos cuarenta años de ostracismo, público y crítica se han mostrado indiferentes con este trabajo, uno de los largometrajes “perdidos” de nuestro cine.

Coincidiendo con el cuarenta aniversario de la película y la muerte de dos de los protagonistas: Emma Cohen y Paco Algora; de “¡Bruja, más que bruja!” se había hecho un pase en el Festival de Málaga y se había reestrenado en algunos cines de Madrid. La historia podría resultar como una delirante continuación de “Tocata y fuga de Lolita”, de Antonio Drove, título protagonizado por el propio Algora, cuyo personaje se marchaba dos años a África para cumplir el servicio militar, dejando a la novia en el aeropuerto.

En el caso de “Bruja, más que bruja”, el personaje de Emma Cohen se quedaba a vestir Santos en una Castilla de boina y botijo, cuando su novio –Paco Algora- se marchaba a la mili.
Su ausencia, la aprovechó un señorito, el cacique local (interpretado por Fernando Fernán Gómez) que la corteja y se casa con ella; como la vida misma. Sin embargo, cuando chico y chica se reencuentren querrán quitarse del medio al marido impostado, recurriendo a una bruja, la bruja del título, una inmensa Mary Sampere, con bigote.

“Usted que es bruja debe saberlo, ¿en cuánto tiempo morirá mi marido?”. La bruja es la persona que vende ungüentos y pócimas, aunque con la idea de aprovecharse de sus incautos clientes, porque sabe perfectamente que son inocuas. Por su parte, Juan (Paco Algora) desea volver a la ciudad, al desarrollo industrial que idealiza, mientras que Mariana (Emma Cohen) preferiría continuar en ese pueblo, donde es alguien, la esposa del cacique local, que para colmo es el tío de Juan. En “Bruja, más que bruja”, no falta ni tan siquiera la vieja solterona que funciona de conciencia moral de los personajes.

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Igualmente, la película podría resultar una variante del clásico de James M. Cain, El cartero llama dos veces, con escena erótica sobre harina, incluida, aunque referencias a ese tema no faltan en la literatura española, desde Jardiel Poncela,  e incluso se observa la influencia de “Amanece que no es poco” (José Luis Cuerda). Pero también existe una relación con uno de sus anteriores trabajos: El extraño viaje, con el que comparte coguionista –Pedro Beltrán- y fracaso en taquilla, como otros aspectos que profundizan en la historia, como el hecho de que ambas películas -“El extraño viaje” y “Bruja más que bruja”- estén basados en crímenes reales.

Impagable, igualmente, esos momentos zarzuelísticos, en los que vemos dar el Do de pecho al reparto al completo, tanto Fernán Gómez, Emma Cohen o Paco Algora: “Con el orgullo en el pecho, vengo de mi cuartel, que no es hombre hecho y derecho, el que no pasa por él”. Aunque en honor a la verdad, hay más que una duda razonable que hace pensar que las canciones fueron dobladas por cantantes líricos. De esta forma, la película sería una parodia de la zarzuela, género que no entusiasmó al director.

La verdad es que como experimento cinematográfico enlaza con la filmografía de su director, acostumbrado a ofrecer al respetable esas astracanadas teatrales, las parodias policiales o relatos picarescos, un cruce de géneros entre el melodrama, la comedia y el musical, con un dudoso sentido comercial. De no haber coincidido –como decimos- con la única huelga de taquilleros, tampoco habría tenido mucho éxito. O quizás, sí, quién sabe.

 

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